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dimarts, 7 de febrer del 2017

Rajoy va convertir el 9-N en la pitjor derrota de l’Estat

Les coses no són el que són per elles mateixes sinó que sovint depenen de molts factors externs i incontrolables. El 9-N, com a objecte polític difícilment identificable, és un cas paradigmàtic de fenomen mutant. El procés participatiu que va substituir la consulta podria haver passat a la història com una més de les multitudinàries manifestacions dels catalans a favor del dret a decidir, canviant la cadena humana per una votació massiva. Una gran però innòcua performance, que és el que va fer que Junqueras arrufés el nas en aquell moment. Però ves per on que va ser Mariano Rajoy, amb el seu segon recurs, en aquest cas contra el procés participatiu, el que va convertir el 9-N en alguna cosa més, en una iniciativa que desafiava el TC i que al capdavall es va convertir en la pitjor derrota de l’Estat des de l’aprovació de la Constitució.
En realitat les coses podrien haver anat d’una altra manera perquè en un primer moment el PP va optar per minimitzar el nou 9-N. Però la pressió dels seus i la por a ser humiliats públicament els va portar a mossegar l’esquer hàbilment llançat per Mas. Sense aquell recurs presentat el 31 d’octubre del 2014 el 9-N no hauria tingut tant de ressò internacional, ahir no hauria començat cap judici i Mas no seria un símbol per a bona part dels catalans. Va ser un gol per l’escaire perquè l’Estat va patir una desfeta severa i inesperada, que va donar pas a una digestió difícil en què el ressentiment es va imposar a la intel·ligència. Després de l’exhibició de participació i civisme, i la compareixença triomfal de Mas en quatre idiomes, Rajoy va tenir una segona oportunitat per girar full. Però un cop més, va picar. No va poder resistir la sensació que els havien pres el pèl que es va instaurar a la Moncloa. L’estómac, i no el cervell, va prendre el comandament.
La judicialització del procés 
El camí de la judicialització del procés només pot provocar maldecaps a Rajoy, ja que no obté els efectes dissuasoris buscats i sí que catalitza el suport a la causa. Ara mateix hauria d’estar pregant perquè Mas, Rigau i Ortega fossin absolts per rebaixar així la tensió, i a Madrid ja se senten veus en aquesta línia, però no és segur que Rajoy hi estigui d’acord. Darrere el seu posat afable, s’hi amaga algú que no perdona fàcilment. I ara mateix sembla més disposat a córrer el perill d’una acceleració del procés que a admetre que es va equivocar i afrontar un ridícul espantós. Darrere de l’error del 31 d’octubre del 2014, doncs, se n’hi han anat sumant d’altres en cadena.
Les virtualitats del 9-N
Però, a més a més, vist en perspectiva sobre el que ha de venir, el 9-N va tenir un seguit de virtualitats que haurien de preocupar l’Estat. La primera és que va demostrar que el corpus independentista, i una mica més enllà, no es va acovardir a l’hora de participar en una reivindicació de legalitat dubtosa o almenys discutible. El TC ja no fa por. La segona és que la societat civil sobiranista està en condicions de treballar colze a colze amb les institucions per organitzar mobilitzacions massives i fer-ho amb ordre i eficàcia suïsses. Si se sumen els dos factors s’entén millor en què pot consistir l’etapa final del procés. Perquè en tots els escenaris possibles sempre hi ha una constant: Madrid sempre respon i envesteix quan li ensenyen l’estelada.

dimecres, 12 de novembre del 2014

A quien interese

Aunque la lengua en que habitualmente escribo los artículos en este blog es el catalán, dado el mucho interés que tengo en que el artículo que ahora inicio pueda ser entendido por el máximo número de personas de habla castellana posible, en atención a ellas me he decidido a no seguir mi costumbre y usar la lengua de Cervantes. Dicho lo anterior, entro en materia.
De un tiempo a esta parte me he percatado de que fuera del territorio catalán la única información relacionada con lo que se ha venido en llamar el Proceso de Independencia de Catalunya que llega al público general es la que procede de los medios de comunicación en manos de sus adversarios. Permítaseme, pues, que, en calidad de residente en Cataluña, dé mi versión de los hechos según mis apreciaciones personales, susceptible, por supuesto, de estar igual de sesgada que la que intento rebatir.
En primer lugar, a diferencia de lo que se dice en los periódicos y las televisiones de fuera de Cataluña, todo este movimiento no se ha generado en ningún despacho de ningún político. Al contrario, es la cristalización de un estado de ánimo de la población que se ha ido forjando a lo largo de mucho tiempo y que precipitó una sentencia del Tribunal Constitucional dictada en 2010, percibida como injusta y hostil a causa de la falta de legitimidad de sus componentes quienes, no lo olvidemos, estaban pendientes de renovación desde hacía meses. Sin embargo, si queremos entender todo lo que ha sucedido y está sucediendo, necesitamos ir a la raíz de la cuestión: el encaje de Catalunya dentro de España.
Desde hace ciento cincuenta años, el catalanismo político ha querido encontrar la manera de encajar el punto de vista catalán en la política española. Sin embargo, a pesar de sus denodados esfuerzos, la única respuesta que, una y otra vez, ha recibido por parte de los gobernantes españoles ha sido de menosprecio y agresividad. Tanto es así que, ya a principios del siglo XX, Joan Maragall respondió con su conocidísima "Oda a Espanya", en la que le reclamaba que se tomara la molestia de escuchar a alguien que le hablaba en una lengua distinta del castellano. Es decir, le pedía que admitiera que podía haber otras maneras de ser español que no fueran de matriz castellana.
Un primer intento de encontrar ese encaje se materializó en la creación en 1914, hace un siglo, de la Mancomunitat de Catalunya. Desgraciadamente, la alegría duró poco. En 1923 el golpe de estado liderado por el general Primo de Rivera truncó el camino emprendido y desembocó, entre otras consecuencias, en la disolución de la Mancomunitat y la prohibición de cualquier signo de identidad catalán. Primera frustración.
Con la Segunda República, aunque con incidentes, parecía que la cuestión se volvía a encarrilar. Pero el estallido de la Guerra Civil y la posterior dictadura del general Franco hicieron que aquel segundo intento quedara en nada. La represión y la persecución de todo lo que olía a catalán fueron feroces; hasta el punto de que quien hablaba en catalán podía ser objeto de agresiones físicas (mi madre y un bisabuelo mío recibieron sendas bofetadas por este motivo). Sólo se aceptaría una visión folclórica de la catalanidad, la de la alpargata y barretina, según la cual ser catalán quedaba reducido a poco más que un pintoresquismo. Aunque matizado por los intereses de la política internacional, este estado de cosas se prolongó hasta la muerte del dictador en 1975. Segunda frustración, más intensa y grave que la anterior.
Con la aprobación de la Constitución de 1978 parecía que, finalmente, sería posible encontrar una salida al atolladero en que se encontraba el encaje de Catalunya dentro de España. El año anterior Adolfo Suárez había firmado un decreto reconociendo la Generalitat republicana, entonces presidida por Josep Tarradellas, como la institución de gobierno de los catalanes heredera de la legitimidad histórica. Como bien es sabido, en su redactado la Constitución recogía, aunque sin hacer mención explícita del hecho, la existencia de vascos y catalanes como hechos identitarios específicos e históricos y les otorgaba el derecho a gobernarse de forma autónoma mediante la aprobación de los respectivos estatutos de autonomía. En el caso catalán, en 1979 se aprobó y refrendó el Estatuto de Sau.
Sin embargo, los hechos del 23 de febrero de 1981 plantaron la semilla de una nueva frustración. Poco después, como reacción a aquel intento fallido de golpe de Estado, las Cortes aprobaban la Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómico, conocida como la LOAPA, que representaba un paso atrás en el proceso de reconocimiento de las distintas identidades en el el Estado y un duro recorte a las aspiraciones de autogobierno catalanas, a la par que implicó el hecho de que se empezara a desdibujar el modelo de Estado que se había establecido con el pacto constitucional. Como era de esperar, la Generalitat la recurrió ante el Tribunal Constitucional quien, en buena medida, le dio la razón. Con todo, el daño ya estaba hecho y las expectativas de autogobierno volvían a quedar recortadas. Tercera frustración.
Con el paso del tiempo, el Estatuto de Sau fue revelándose insuficiente para dar cobertura a las nuevas necesidades que habían surgido y fue necesaria la redacción y aprobación de un nuevo Estatuto. De manera similar, las otras autonomías se fueron dando cuenta de que también necesitaban reformas en sus respectivos estatutos. En consecuencia, se inició un largo, tedioso y extenuante proceso que, en 2006, desembocó en la aprobación en el Parlamento y en las Cortes, así como el refrendo popular, del Estatuto de Miravet.
Y llegamos al punto donde comenzaba este escrito. Entre tanto se seguía el proceso de aprobación en las Cortes, el Partido Popular, con su presidente Mariano Rajoy a la cabeza, inició por toda España una campaña de recogida de firmas «contra el Estatuto de Catalunya». Es decir, cometió la irresponsabilidad de desatar una ola de anticatalanismo como nunca antes se había producido desde la muerte del dictador. Como resultado, recogió cuatro millones de firmas que, de manera bien ostensible, depositó ante el Congreso de los Diputados.
Poco después de que aquel Estatuto fuera refrendado por el pueblo catalán y, como quien dice, con la tinta todavía fresca, el mismo Partido Popular lo recurrió ante el Tribunal Constitucional quien, después de cuatro largos y exasperantes años de deliberaciones, actuó como si de otra cámara legislativa se tratara y en la primavera de 2010 acabó declarando inconstitucionales once artículos y forzando la interpretación de otros veintisiete; lo que representaba un severo recorte al texto que había salido aprobado por tres cámaras legislativas y un referéndum. Huelga decir que las circunstancias en que se dio dicha sentencia (tan largo periodo de deliberaciones y, sobre todo, la falta de legitimidad de sus miembros por estar pendientes de renovación desde hacía ya casi un año a causa de los impedimentos que ponía el PP, así como el hecho de que otros estatutos reformados posteriormente incluían artículos calcados del Estatuto catalán que no fueron impugnados) desataron una fuerte reacción popular en Catalunya.
Así las cosas, el 10 de julio de aquel mismo año, bajo el lema «Nosaltres decidim» (“Nosotros decidimos”), se convocó la manifestación más multitudinaria que se había dado desde que se convocara aquella contra la participación de España en la guerra de Iraq. La participación estimada alcanzó, según fuentes de la Guardia Urbana de Barcelona, el millón y medio de personas y estuvo encabezada por el Govern de la Generalitat en pleno, presidido entonces por el socialista José Montilla.
Es preciso destacar que Montilla, cuya carrera personal ha demostrado que está libre de toda sospecha de independentismo, en un claro vislumbre de los acontecimientos a venir, declaró que, si España no hacía caso de las reclamaciones de Catalunya, ésta acabaría por caer en la desafección hacia el Estado. Los hechos le han dado la razón. Aquello representó para muchos catalanes, entre los que me cuento, el detonante de la desconexión afectiva del Estado  español. 
Con todo, los sucesivos gobiernos del Estado no han cejado en un intento cada vez más evidente de recentralizar la Administración, laminando una y otra vez, mediante subterfugios y argucias legales o incluso de forma descarada y a plena luz del día, aquellas competencias que en Catalunya se consideran básicas para preservar su identidad como pueblo.
Como muestra de ello baste la cita de una declaración del Ministro Wert en sede parlamentaria durante el proceso de debate de la ley de educación que lleva su infausto nombre: «Hay que españolizar a los niños catalanes». Véase también aquellas declaraciones del ínclito Presidente de Extremadura, la comunidad autónoma más subvencionada y con un índice de funcionarios por habitante más elevado de todo el Estado, según el cual «Catalunya cobra y Extremadura paga». O la desfachatez con que el Ministro Montoro trata al Conseller Mascolell cuando de discutir las dotaciones presupuestarias y los déficit autorizados se trata.
Huelga decir que a todo ello se ha añadido el retraso pertinaz en la publicación de las balanzas fiscales desglosadas por comunidad autónoma. Según estimaciones, el déficit fiscal de Catalunya es de 16.000 millones de euros que van a las arcas del Estado y que no vuelven. Esto equivale a un 8% del PIB de la Comunidad Autónoma. Con solo la mitad de ese porcentaje de déficit, otras regiones europeas ya ponen el grito en el cielo. Y luego, la Generalitat, faltada como está de fondos porque el Gobierno central no le permite acceder a los mercados de capital, tiene que acudir al rimbombantemente llamado Fondo de Liquidez Autonómica, quien le entrega una parte de los fondos que salieron de Catalunya a cambio de adornar el pago de la devolución (sic) con unos suculentos intereses. Por no hablar del déficit de inversiones en infraestructuras que está llevando al borde del abismo al sistema ferroviario de cercanías o el incumplimiento de los acuerdos con la concesionaria Hutchinson, por los cuales el Ministerio de Fomento se comprometía a abrir un enlace ferroviario de calidad y ancho de vía internacional desde la nueva terminal de contenedores del puerto de Barcelona; o las constantes idas y venidas para evitar obedecer las indicaciones de la Comisión Europea con respecto de la urgencia y necesidad del corredor ferroviario del Mediterráneo
Es decir, detrás de cuernos, palos. Y así una y otra vez hasta la saciedad, habiéndonos de oír que Catalunya es la Comunidad Autónoma más insolidaria y la más favorecida por el Estado. Aderezado todo ello con la acusación de ser la más endeudada, obviando que es la que más competencias de gasto social transferidas tiene y, por lo tanto, la que más obligada está a cubrir sus gastos si no quiere dejar desatendidas a centenares de miles de personas que confían en sus prestaciones asistenciales o económicas para sobrevivir con un mínimo de dignidad.
Resumiendo, hasta fines del siglo XX, cada generación de catalanes obtuvo su dosis de frustración con España. Incluso una ni siquiera pudo llegar a abrigar esperanza alguna de arreglo. Desde el año 2000, no estamos hablando de una frustración para cada generación, sino que el berrinche ya es continuo. Desde que José María Aznar iniciara su segunda legislatura, la situación entre España y Catalunya no ha hecho otra cosa que empeorar a causa de los continuos desplantes por parte española.
Hablábamos de la manifestación del 10 de julio de 2010 que encabezó el Govern en pleno. En 2012, la población, harta ya de tantos desmanes, a través de la Assemblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural, ambas organizaciones surgidas de la sociedad civil y sin subvenciones públicas de ningún tipo para no tener que renunciar a su autonomía de criterio, convocó una nueva manifestación con motivo de la Diada del 11 de septiembre, con el fin de iniciar el proceso de obtención de la independencia. Daba la casualidad que, dos días después, Artur Más, presidente de la Generalitat, tenía previsto reunirse en Madrid con Mariano Rajoy, presidente del Gobierno.
En aquella reunión, Mas le sugirió a Rajoy el inicio de negociaciones para llegar a un pacto fiscal de características similares al Convenio navarro y el Concierto vasco. La respuesta de Rajoy fue un no rotundo y un portazo en toda regla. En consecuencia, Mas, haciendo uso de sus prerrogativas, convocó elecciones anticipadas y se eligió un nuevo Parlament, el que ahora está en activo, con una clara mayoría soberanista y un claro mandato de conseguir la celebración de un referéndum sobre la independencia acordado con el Gobierno del Estado.
El año siguiente, nuevamente con motivo de la Diada, la movilización ciudadana volvió a ser espectacular. Inspirándose en la Vía Báltica, la Assemblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural organizaron una cadena humana que siguió el recorrido que va desde la frontera francesa en El Pertús hasta el puente sobre el Sénia, al límite con la Comunidad Valenciana en Les Cases d’Alcanar. El objetivo parecía difícil de conseguir, cuando no imposible. En cambio, estimaciones de las autoridades cuantificaron la asistencia en más de millón y medio de personas. La organización fue impecable, casi germánica. Los desplazamientos llegaron a ser de centenares de kilómetros, con el único fin de ocupar un trozo de carretera y luego volver al lugar de residencia habitual. Asimismo, el ambiente fue festivo y cívico y es de destacar la ausencia total de incidentes; una constante en el movimiento independentista a pesar de que desde las filas españolistas se afirme lo contrario y se lo acuse de crispar y dividir.
Tras aquel éxito de organización y participación, en abril de 2014 se intentó la vía del voto en las Cortes Generales para la cesión de la competencia exclusiva del Estado para convocar referéndums. Por toda respuesta se recibió un sonoro portazo en las bruces. En consecuencia, visto el mandato electoral, se buscó la vía de una consulta no vinculante formulada según la legislación autonómica.
Entre tanto el Parlament debatía la Ley de Consultas No Refrendarias, las dos organizaciones civiles anteriormente citadas, junto a la Associació de Municipis per la Independència, volvieron a convocar a la población para que la Diada de 2014 llenara las dos mayores avenidas de Barcelona formando un mosaico con el diseño de la bandera de Catalunya. El éxito fue abrumador y, una vez más, según estimaciones de la Guardia Urbana, la participación de 1,8 millones, volvió a superar la del año anterior.
Con todo, desoyendo el clamor popular, el Gobierno impugnó la Ley de Consultas No Refrendarias y el decreto de convocatoria de la consulta en cuestión; lo que resultó en su suspensión y la imposibilidad de celebrar la consulta de forma legal. Se volvió a intentar mediante un proceso de participación pública que, tras ser objeto de burlas por parte del Partido Popular y el Gobierno del Estado, al cabo de dos semanas y coincidiendo con la detención de 51 cargos electos repartidos por las comunidades autónomas de Valencia, Madrid y Castilla y León, una vez más, se vio impugnado.
Pero esta vez, ya sabemos cómo se resolvió la situación. El Govern siguió adelante con la convocatoria, cuyo operativo se nutría de voluntarios que, libremente, decidían colaborar de forma gratuita y desinteresada. Una vez más, la participación fue multitudinaria. Desafiando las amenazas del Gobierno, más de 2.300.000 personas mayores de 16 años expresaron su opinión.
Cierto que no es una consulta o, ni mucho menos, un referéndum con todas las de la ley. De hecho es la respuesta de un pueblo al que se le niega el derecho a expresarse con la excusa del imperio de la ley porque en España el derecho de autodeterminación no está recogido en la sacrosanta Constitución.
Sin embargo, quienes esto afirman olvidan que en derecho internacional sí se reconoce la autodeterminación por vía pacífica y democrática. Basta con recordar que en Europa, durante los últimos 30 años han aparecido numerosos estados resultantes de la escisión de los antiguos estados surgidos de la Segunda Guerra Mundial. Ejemplo de ello son la escisión de Checoslovaquia en las repúblicas Checa y Eslovaca, la independencia de Eslovenia respecto de Yugoslavia, la independencia acordada de Montenegro respecto de Serbia o el caso paradigmático de las repúblicas bálticas.
Con todo ello quiero decir que la cuestión que se plantea desde Catalunya no tiene nada que ver con los tribunales de justicia y mucho con la voluntad política de llegar a acuerdos que beneficien a ambas partes. El caso más próximo en el tiempo es el referéndum acordado entre Escocia y el Reino Unido. Tampoco en las leyes que componen el corpus constitucional británico se contempla la secesión de una parte del estado, pero británicos y escoceses fueron siempre muy conscientes de que la cuestión era política, no legal, y que, como tal, se tenía que resolver por la vía de la política y la democracia.
En el caso español, el gobierno optó por seguir su política habitual, la judicialización de la política, lo que acaba empobreciendo la calidad democrática del Estado. Poner dificultades para que se celebre un referéndum vinculante y con plenas garantías democráticas no es hacer que triunfe la democracia. Al contrario, es empobrecerla y debilitarla. Si la población no puede expresar su opinión libremente en las urnas, ¿dónde queda el Estado de derecho? Porque las dictaduras también aplican la legislación vigente, pero con el fin de coartar los derechos más fundamentales. Y el derecho a la libre expresión y a la libre opinión es, quizá, el que más caracteriza una democracia de calidad. Todo cuanto impida su ejercicio es, a todas luces, un atentado a los principios más elementales de la convivencia en paz y armonía.

dilluns, 28 de maig del 2012

Un país de pa sucat amb oli

Aquests darrers dies s'està posant de manifest el que tothom, de manera més o menys evident, pensa d'Espanya: és un país de pa sucat amb oli. Les seves finances estan per terra, amb l'economia rescatada de facto. El president del Govern, desaparegut en combat quan cal enfrontar-se amb la premsa perquè, des que fou elegit President del Govern fins avui (i encara per sorpresa), Mariano Rajoy no ha fet ni una sola roda de premsa en solitari davant dels mitjans de comunicació i ha evitat sistemàticament les compareixences conflictives endossant-les a Soraya Sáenz de Santamaría o qualsevol altre ministre. A causa dels disbarats i els escàndols que ha protagonitzat la família reial, la màxima institució de l'Estat, la Corona, no passa, precisament, pels millors moments i és objecte de burla i befa dins i fora de les fronteres i, si amb això no n'hi hagués prou, al rei li manca el coratge de donar la cara davant d'una "amenaça" de xiulada —que al final es va concretar— i, malgrat que va sortir pel seu propi peu de la clínica on li van operar el maluc trencat de manera tan estúpida, va evitar enfrontar-se a les dues aficions que, se sabia del cert, estaven disposades a fer el que van fer: xiular la Marcha Real i cantar-li allò tan oportú dels elefants que es gronxaven dalt d'una teranyina.


Això dins del territori, però fora… Ai, fora! A Europa se la passegen i a Amèrica se la rifen. Per una banda, Mariano Rajoy vinga demanar que Europa l'ajudi i obtenint la callada per resposta. De l'altra, a Amèrica, dues empreses espanyoles han vist com, de la nit al dia, els expropiaven el negoci i els feien fora amb una puntada de peu allà on l'esquena canvia el seu honrós nom; i tot això, amb el silenci escandalós de la comunitat internacional. Decididament, Espanya fa un paperot d'estrassa.


Per si no en tenien prou, si no han après la lliçó, el quixotisme dels espanyols, lluny de disminuir, arriba a cotes realment escandaloses. Tenen el país virtualment intervingut i encara gosen donar lliçons de com s'han de fer les coses? Qui és Mariano Rajoy per anar dient que la resta de bancs europeus també s'haurien de sotmetre a una auditoria? Que potser tenen un forat immobiliari tan descomunal com el que ha volgut amagar la banca espanyola? Senyors, siguin una mica més seriosos! Tots hi sortirem guanyant, vostès els primers.


D'altra banda, el Govern estatal tampoc se salva de la crema. Des que va prendre possessió dels càrrecs respectius, s'ha dedicat a saltar-se, totes sense excepció, les promeses electorals. Rajoy ha rebentat el rècord de mentides i promeses incomplertes que el seu predecessor, Rodríquez Zapatero, havia establert; i mireu que era difícil, però ho ha aconseguit, d'escreix i en un temps reduïdíssim. Algun mèrit deu tenir, això… Però, ja em perdonareu, no l'hi sé veure.


Si tot això ho amanim amb el patrioterisme més ranci i caspós, el panorama pot arribar a ser desolador. Només ha faltat que Esperanza Aguirre, capitanejant els sectors més reaccionaris de la caverna espanyola, acabés d'encendre els ànims amb la seva proposta forassenyada de suspendre el partit de la Copa del Rei i jugar-lo a porta tancada. D'entrada, altres monarquies de tradició més sòlida, l'anglesa, sense anar més lluny, saben que estan exposades a la crítica de les masses; crítica, per altra banda, que és un sa exercici de democràcia i llibertat d'expressió. Per si aquests galifardeus ultramuntans i cavernaris no se n'han adonat, en ple segle XXI els reis han perdut aquella aura de divinitat que els feia inexpugnables. Avui són persones de carn i ossos, susceptibles de ser criticades i, si donen motius per fer-ho, fins i tot caricaturitzades.

Ras i curt, Espanya torna a ser al lloc que li correspon des que va perdre el seu imperi colonial: a la grada, veient com els qui sí que compten juguen el partit. Altra cosa no pot fer; tret que vulgui fer el ridícul. Aleshores, només li cal avançar pel mateix camí que ara segueix i tindrà l'èxit assegurat.

dimarts, 22 de maig del 2012

De futbol i reialesa va la cosa, o no…

Ja fa tres anys, en una final de la Copa del Rei de futbol, van coincidir el F. C. Barcelona i l'Athletic Club de Bilbao. La xiulada a la Marxa Reial va ser tal que els micròfons d'ambient de TVE, que en feia la retransmissió en directe, no van ser capaços de captar-la i es va haver de recórrer a la supressió del so ambient i connectar el reproductor directament a les antenes televisives. Ja aleshores, allò va ser causa d'una forta polèmica i va comportar la destitució del cap d'esports de la cadena de televisió pública estatal.

En els darrers anys, les relacions entre bascos i catalans no acaben de funcionar, però si en alguna cosa coincidim és, precisament, en el nostre "amor incondicional i reverencial" per la corona espanyola. Ens l'estimem tant, el rei, que quan li toquen la musiqueta, el xinta-xinta, uns i altres li engeguem una sobirana (mai tan ben dit) xiulada.

Els atzars del futbol han volgut que enguany es repeteixi aquella final. Athletic Club de Bilbao i F. C. Barcelona tornen a coincidir en tan règia competició. Això ha fet que a can Espanyes es disparin les alarmes. Pobret Felip! S'haurà d'enfrontar a aquella caterva d'independentistes eixelebrats que no són capaços de reconèixer el bé que representa per a ells l'amor maternal que el Regne d'Espanya, la pàtria de tots els espanyols —sempre a la manera castellana, això sí; no sigui cas que la diversitat se'ns indigesti—, que els esprem les butxaques com si fossin llimones i els nega el pa i la sal perquè, ves per on, són uns egoistes que no volen mantenir els altres que sempre han viscut de la rifeta que bascos i, sobretot, catalans els van passant si us plau per força.

I amb tot això, les essències pàtries de l'espanyolisme s'estranyen que a Catalunya i al País Basc l'independentisme creixi a marxes forçades. No els cap al cap que puguem mostrar la nostra disconformitat fent un acte tan ultratjós com xiular quan sona la Marcha real.

Prova de tot això és el nerviosisme amb què Esperanza Aguirre, salvaguarda de les essències hispanes, ha respost a la perspectiva, tot just la perspectiva, que es repeteixin les xiulades de tres anys enrere. Pobre Príncep! Tan jovenet com és, se li ha d'estalviar el mal tràngol de veure com una part important del públic assistent li expressa el seu descontentament i el seu rebuig perquè el podrien traumatitzar de per vida.

Aquesta sortida de to no és altra cosa que una mostra prou evident que alguna cosa els posa nerviosos. Quan algú necessita sortir al pas d'aquesta manera per defensar allò en què creu és perquè hi detecta algun signe de debilitat. Quan ens sentim segurs, res no ens mou a defensar les nostres essències. En canvi, la inseguretat, la feblesa d'allò que fins aleshores havíem cregut ferm i inamovible provoca les reaccions més furibundes contra aquells que identifiquem com els agressors de les nostres creences.

Quan la fera es veu acorralada és quan més violenta es mostra. I aquest és el paperot que ha fet la Sra. Aguirre. D'alguna manera o altra, se sent acorralada. Potser perquè els moviments independentistes català i basc estan agafant embranzida; o potser perquè, amb Rajoy de president del Govern estatal i Ruiz Gallardón de Ministre de Justícia, tots dos els seus eterns rivals, ha acabat adonant-se que, per als seus coreligionaris polítics, ella no passa de ser una figura de segona divisió; o pel fet que se li hagi descobert que es feia trampes al solitari del dèficit pressupostari; o potser per la combinació de tot plegat; el cert és que la seva posició dins del partit i en els safareigs de estatals s'ha vist afeblida i ja no es parla tant d'ella com se n'havia parlat. Per a una personalitat com la seva, que necessita l'omnipresència mediàtica com l'aire que respira això és plat de mal pair; li cal provocar un enrenou i fer certa aquella dita: «Tant li fa que parlin bé o malament de mi, la qüestió és que en parlin».

I a fe que ho ha aconseguit. Si alguna cosa fa córrer rius de tinta als titulars dels diaris i, de retruc, estimula la verbositat dels adversaris és l'exaltació de l'espanyolisme fins a límits que freguen el ridícul, si no la paranoia. Això fa aquesta dona amb les seves declaracions al respecte de la necessitat de suspendre la final de la Copa del Rei de futbol que s'ha de jugar divendres a l'estadi Vicente Calderón i presidirà el príncep Felip perquè, segons comunicat oficial, el rei està convalescent de l'operació de maluc a què es va haver de sotmetre després de trencar-se'l quan va anar a caçar elefants a l'Àfrica acompanyat de Corinna zu Sayn-Wittgenstein, la seva amiga personal. Quin poc coratge per enfrontar-se al descontent i les reivindicacions  i quin eufemisme per referir-se al que tothom ja sap: que aquesta tal Corinna és per al rei alguna cosa més que amiga!

Per què cal una defensa tan aferrissada de la monarquia? ¿No serà que els darrers escàndols relacionats amb embolics de diners de dubtosa honradesa, d'armes de foc manejades per menors que no tenien l'edat reglamentària, de caceres i de faldilles l'han deixat tan tocada que els seus defensors i partidaris la veuen en greu risc de desaparició, cosa que els suposaria perdre un referent molt important per a ells? Cal amenaçar els qui vulguin protestar dient-los que el que volen fer està tipificat com a delicte penal? On queda la llibertat d'expressió? I, de retruc, com ho encaixa, això, la democràcia? Que potser no va amb els càrrecs de Cap de l'Estat o d'Hereu de la Corona, el risc de rebre les esbroncades d'un poble que n'està tip i fart, de tanta martingala? Personalment, no em fan gens de pena; per això cobren un sou que no és gens desdenyable i que surt dels diners que tots plegats paguem a Hisenda.

dilluns, 23 d’abril del 2012

No ens esverem! Que no n'hi ha per tant…

Avui, en una entrevista al programa Els Matins, de TV3, el president Artur Mas ha afirmat que, tot i no agradar-li la idea, si l'Estat intervé la Generalitat, no dubtarà a convocar eleccions anticipades per tal que els electors deixin clara la seva postura. L'escenari no és gens desitjable. Unes eleccions anticipades sempre tenen un cert regust de fracàs i seria una llàstima que una legislatura que va començar enfilada en una bona direcció acabés de manera tan desgraciada.

Però, i aquí és on hi ha la notícia, a la cap de files dels populars a Catalunya, Alicia Sánchez-Camacho, li ha faltat temps per cridar a serenitat i tranquil·litat. Bé, potser que comenci ella per asserenar-se i tranquil·litzar-se.

Tal com estan les coses, dubto molt que, suposant que ara es fessin unes eleccions, el PP seria capaç d'obtenir uns resultats semblants als del 28 de novembre del 2010. En aquest any i mig que ha transcorregut des d'aleshores han passat moltes coses i, si hem de tenir en compte les conseqüències a llarg termini (o mitjà) de tot plegat, cap de bona per al PP.

Després de l'embranzida electoral, el PP no ha fet altra cosa que perdre pistonada. Tot i haver retardat la publicació dels pressupostos de l'Estat fins després de les eleccions andaluses, el PP no ha sigut capaç d'arrabassar-li la Junta al PSOE que, malgrat ser per majoria simple, aconseguirà revalidar la seva presidència. Un entrebanc amb què no comptaven els populars. A casa nostra, les eleccions municipals no van representar cap revàlida per als resultats obtinguts al Parlament. I la majoria absoluta de què gaudeix a les Corts de Madrid només ha aconseguit atiar el desvergonyiment centralista i espanyolitzador dels sectors més cavernícoles del PP; cosa que a Catalunya fa que revisquin posicions més radicals en el front nacional català, amb el consegüent benefici per a formacions com CiU i ERC.

Dit això, i després de les amenaces d'intervenció de la Generalitat per part del govern de l'Estat i la subsegüent rèplica del President Mas amenaçant amb unes eleccions anticipades, l'única que ha perdut la calma i que s'ha d'asserenar és la Sra. Sánchez-Camacho. Sap molt bé que, si es fessin ara, unes eleccions al Parlament de Catalunya no li resultarien tan favorables com tot just fa un any i mig. Els seus correligionaris de la Villa y Corte no li ho posen gaire fàcil. Els estirabots que engeguen no fan més que atiar el sentiment que Espanya és un mal negoci per als catalans i que cal desfer-nos-en al més aviat possible.

I així estan les coses. A qui se li ha esvalotat el galliner? Més aviat sembla que al PPC, que, com al llop que es volia disfressar d'ovella, per més C que ens vulguin fer veure, per sota la poteta els surt la E d'Ejpañia. I olé!

diumenge, 15 d’abril del 2012

No n'aprenen…

El país està en crisi. Les retallades campen pels seus dominis i la classe mitjana veu com, un dia sí i l'altre també, es es perd un llençol d'aquells drets que tants esforços li va costar d'aconseguir que se li reconeguessin. Les prestacions socials del pomposament anomenat estat del benestar les passen magres. La partida pressupostària destinada a investigació cau sota mínims. Les infraestructures, tan necessàries per al bon funcionament de l'economia, es queden sense un euro i s'han de posposar.

Per si això no fos poc, els seus gendres ens han regalat amb tota una sèrie de sainets i vodevils que ni els dramaturgs més imaginatius podrien superar. Un, després d'engalipar-li la filla gran, va acabar embolicat en un estira i arronsa de faldilles que no eren les de la seva dona, precisament. Resultat: divorci. Tot un tràngol per a una família tan catòlica com la seva. L'altre gendre ens ha sortit espavilat i tot un murri. Fent servir la posició de la filla petita, s'ha dedicat a escalar graons en l'escalafó social i, gràcies al prestigi que li havia atorgat el seu matrimoni, va aconseguir fer-se amb una bona picossada de diners de procedència pública i de guanys ben dubtosos. De fet, aquí, els engalipats, directament o indirecta, hem sigut tots plegats; perquè la cosa pública és això, pública, de tots.

Però és que la dona de l'engalipador no en sabia res, dels tripijocs del seu marit… ¿De veritat que s'ho creuen, que ens empassem aquesta bola? Si ella és copropietària d'una de les empreses involucrades en la trama, és creïble que no estigués al corrent de les anades i vingudes de diners?

Però és que, a sobre, quan a casa el pare es van assabentar dels negocis del gendre, en lloc de fer-lo passar per l'adreçador, que és el que hauria tocat, van i me l'envien lluny… I ell ho aprofita per engrossir encara més els seus "assumptes"! Clar, amb tanta aigua pel mig, qui ho havia de sospitar que encara hi havia racons tèrbols en l'economia familiar?

Si amb això no n'hi ha prou, els escàndols d'aquesta família ja han començat a esquitxar els més menuts. Ara resulta que el primer nét, aquell que té un nom tan sonor i que va néixer ara fa tretze anys, s'ha ferit el peu amb una escopeta de caça mentre feia pràctiques de punteria a casa del seu pare (aquell gendre que es va divorciar per un embolic de faldilles, us en recordeu?) Això no passaria de ser una anècdota si no fos perquè a casa nostra, l'edat mínima per poder manejar armes de foc, de qualsevol mena, és als catorze anys. És a dir, s'han passat les normes per allò que no sona.

I clar, el patriarca, veient que tothom de casa seva tenia el seu raconet a la galeria de la fama, no ha volgut ser menys. Li ha agafat la dèria d'anar a caçar elefants (ja voldria veure si de veritat els caça o li fan com a aquell que li enganxaven els catxalots a l'ham) a un safari que organitza la seva  "amiga personal". Com qui diu, ningú tret dels més pròxims se n'hauria assabentat. Però el destí, que és tossut com les mules i s'ha entestat a tenir-los sempre al punt de mira dels periodistes, ha volgut que un graó es posés allà on no s'hauria d'haver posat i el presumpte caçador acabés de corcoll i amb una cama trencada. Conseqüència: els ciutadans que pateixen les retallades s'han assabentat que el seu sobirà s'està clavant la gran vida quan, qui més qui menys, tothom va amb els budells a les mans. El caçador ha estat caçat. Justícia poètica, en diuen.

Si és que ja ho diu la dita: On no n'hi ha, no en raja. I a can Borbó, de senderi, poquet, poquet…

dilluns, 6 de febrer del 2012

A can Borbó se'ls compliquen les coses

Primer va ser descobrir que el gendre, en aparença, ens ha sortit un pelet tefla-manefla i ara resulta que li agrada fer-se un sobre-sou perquè va escuradet de butxaca, el pobrissó. Després, l'exigència que es fessin públics els números de la Casa del Rei. I per reblar el clau, aquest diumenge s'ha fet públic un informe datat pocs dies després del cop d'estat del 23 de febrer de l'any 1981, i signat per l'ambaixador d'Alemanya a Espanya en aquell temps, en què es posa en dubte el compromís sincer del monarca amb la democràcia. Com hi ha món que les coses els van bé, a can Borbó!

El panorama no pot ser més preocupant. Encara no s'han refet d'un ensurt que ja els en claven un altre. I tot perquè l'anacronisme de la monarquia fa que un ciutadà del qual se'n desconeix cap acte que pugui fer-ne mereixedor, gaudeixi d'uns privilegis que el fan immune davant de la Justícia. Sembla com si, després de trenta anys, la gent comencés a estar-ne tipa i farta, de mantenir una colla que no se sap ben bé què fan i que, entre unes coses i les altres, ens costen un ull de la cara i part de l'altre.

Personalment, mai no m'havia pronunciat entre República o Monarquia. Més aviat pensava que, amb un rei tan campechano, ja feia per la mentalitat del país, això de la testa coronada. Però ara tic seriosos dubtes al respecte. No ho tinc gens clar. Els esdeveniments que s'han anat produint des de poc abans de Nadal han fet que el castell em trontolli.

De cop i volta, com qui no vol la cosa, va esclatar la bomba: el gendre del rei, el que havia sigut esportista admirat i tingut per model, es veu involucrat de lluny en un escàndol de corrupció a Mallorca que ja fa temps que cueja. Tothom comença a murmurar. On anirem a parar! Aquests mallorquins han arribat a engalipar un membre de la família reial! El jutge continua estirant el fil i passem de la sorpresa a l'astorament. Al final resulta que el gendre no seria tan babau i superaria en astúcia els encausats; d'engalipat passa a engalipador. La causa: sembla ser que el minyó s'ha valgut de la posició de la dona per anar esgarrapant un milionet d'euros per aquí i uns centenars de milers per allà. Ningú no ho hauria dit…

A causa d'això, vam descobrir que hi havia una institució de l'Estat de la qual ningú sabia ben bé en què es gastava els diners que li assignava el Govern ni quants ne rebia. Des de l'inici de la restauració monàrquica, la Casa del Rei mai no havia fet públics els seus números. De sobte, vam descobrir que allò podia ser un pou sense fons per on es podrien escapar ingents quantitats de diners que, en temps de crisi com la que estem patint, poden ser molt útils en segons quins sectors.

La pressió de l'opinió pública va ser tan forta que, al final, es van difondre uns números que, per vagues i obscurs, a més de la data en què van veure la llum (el 28 de desembre), semblen una broma de mal gust. Que potser hi ha algú que s'acabi de creure aquella enganyifa mal disfressada? Jo, no.

Però, què hi farem! De vegades els secrets d'Estat obliguen; i es veu que això cau dins l'àmbit del secret d'Estat. Si no hi ha més remei, farem com que donem per bones les dades que ens han facilitat. I qui dia passa any empeny.

Tot just ens havíem oblidat de l'enrabiada dels comptes del rei que comencem a saber més detalls de les maquinacions del gendre. Sembla ser que ell i un soci (aquestes coses sempre necessiten un soci, perquè sinó no fan patxoca), des de feia aproximadament uns deu anys, havien teixit un entramat d'empreses i fundacions amb la finalitat de desviar diners a paradisos fiscals i deixar-los ingressats en comptes oberts al seu nom.

Fins aquí, la cosa no passaria de l'anècdota. Però aleshores vam saber que l'emigració cap a les Amèriques d'ara fa uns anys no era altra cosa que un intent per dissimular i tirar terra al damunt d'un afer força enutjós. Sembla ser que la Casa del Rei es va assabentar dels tripijocs de l'individu i en va forçar la partida amb la dona i els fills.

El que indigna no és que el gendre del rei tingui la mà massa llarga. Tots som humans i, en un moment o altre, podem flaquejar. El que de veres indigna és que, sabedors dels fets, la Casa del Rei, en lloc de denunciar-los, els volgués amagar darrere d'una cortina de fum: El renyem, li plantem la canya i fem que se'n vagi ben lluny perquè no tingui ocasió de tornar-hi…

Però el manso, tossut com és, no només hi va tornar, sinó que, aprofitant la distància, ho va fer amb més desimboltura. Fins al punt que no fa gaire vam saber que una de les empreses de què es va valer per tirar endavant les seves martingales està registrada a nom seu i de la seva dona, la infanta, la filla del rei! Si no volíem caldo, dues tasses!

El degoteig de dades continuava. Es va saber que la parella és propietària de no sé quants béns immobles, entre els quals s'hi compta un palauet a Pedralbes que es veu que tomba d'esquena, valorat en set milions d'euros, a més d'algun pis a Terrassa. Així qualsevol!

A aquestes alçades de la pel·lícula, la nostra estupefacció ja s'havia transformat en incredulitat. No podia ser que tot això passés durant tant de temps i ningú no en sospités res.

Però diuen que la realitat sempre supera la ficció. La Justícia ha imputat el gendre del rei, sí, però amb prou feines fa esment de la seva dona; i això que és copropietària d'una de les empreses involucrades en la trama. Que potser pretenen que ens creguem que ella no en sabia res? Si és així, ses senyories no són tan intel·ligents com sembla. En quin cap cap que, ella, en qualitat de copropietària d'una de les empreses, no estava al corrent de les maniobres del marit? Com ha dit un jutge del Tribunal Suprem aquest cap de setmana, també se l'hauria de cridar a declarar. Que no és cap pelacanyes, que sap què es porta entre mans! Però, clar, és filla de qui és filla i amb això ja s'ha dit tot. Nova causa d'indignació i nou ensurt a can Borbó.

I per si amb tot això no en teníem prou, aquests dies els alemanys desclassifiquen un document datat de l'època de l'intent de cop d'estat del 23 de febrer de 1981 que deixa el monarca espanyol en una posició ben galdosa. Segons informava l'aleshores ambaixador de la República Federal d'Alemanya a Madrid, a ran d'una conversa privada que havia mantingut amb ell, semblaria que, en lloc de mostrar menyspreu i repulsa pels colpistes, el rei es mostrava comprensiu, si no partidari d'aquella trepa. I, no content amb això, amb tota franquesa li expressava la seva intenció d'influir per tal que les condemnes fossin tan benevolents com fos possible perquè, al cap i a la fi, «només volien el que tots desitjàvem: pau i ordre», tot encolomant-li el mort a l'aleshores president del Govern per haver menystingut els militars i les seves pretensions. Clar, tant va anar el càntir a la font, que es va trencar i els militars, pobres, no van tenir més remei que aixecar els sabres.

Des de la Zarzuela han respost que «el paper i l'actuació del rei el 23-F estan ja consolidats per la història, i la manera decidida i determinant com va actuar en defensa de la democràcia és coneguda per tota la societat espanyola i a tot el món». Com si els llibres d'Història no es podessin revisar ni es revisessin mai…

Personalment, sempre havia trobat sospitós que el rei no fes cap al·locució pública fins tan entrada la matinada. On s'havia ficat entre les sis de la tarda, hora en què el tinent coronel Antonio Tejero Molina va entrar al Congrés dels Diputats brandant la seva pistola i escampant uns quants grams de plom, i les dues de la matinada, moment en què es va emetre la seva arenga? Què va passar al palau de la Zarzuela? Com és que els militars colpistes estaven convençuts que el rei els donava suport? Per què? Massa interrogants sense respondre. Aquest document augmenta les meves sospites, i les de molta altra gent, al respecte del paper que va jugar el rei en aquella tangana. Sembla que no està tan clar…

Com veieu, entre unes i altres coses, a can Borbó no estan per ballar; més aviat la ballen. L'opinió pública se'ls està girant d'esquena i cada vegada hi ha més veus que exigeixen que es revisi la institució de la Corona. Si no és que reclamen obertament la Tercera República.

Ai, Letizia, que potser seràs l'última reina d'Espanya… Si és que en Felip arriba a ser rei!

dilluns, 19 de desembre del 2011

Sí que és això, senyors! Sí que és això!

Ahir, diumenge, 18 de desembre, un amic em va enviar un correu en què se’m demanava que m’adherís al manifest signat per la Fundación en Defensa de la Nación Española rebutjant la presència de diputats i senadors d’Amaiur als òrgans legislatius espanyols. El document, datat el 12 de desembre, està escrit amb un abrandament forassenyat; sobretot si tenim en compte que, el dia abans, l’esquerra abertzale havia fet públic un comunicat en què lamentava el dol causat a les víctimes del terrorisme. Així mateix, la seva fraseologia em porta ecos d’uns temps i un règim polític que ningú, tret dels nostàlgics, vol que tornin: ‘indisoluble unidad de la nación española’, ‘asesinos fratricidas’, ‘valores superiores’… Em costa ben poc imaginar-me tota aquesta xerrameca en boca dels qui fa trenta-cinc anys eren al poder fent la salutació característica de les legions romanes. Aleshores, una esgarrifança de desassossec em recorre l’espinada.

Com bé podreu intuir els qui em coneixeu, no puc subscriure un manifest en aquests termes. Sempre he sigut partidari de l’entesa basada en el diàleg. A hores d’ara, l’entorn pròxim a ETA ha donat manta prova del seu desig de reconciliació. Qui som nosaltres, doncs, per no fer el mateix? Fa un parell de mesos es va iniciar un procés que, si res no el malmet, obre la porta a la pau per al País Basc.

No caiguem en el parany de voler esclafar l’adversari fins a la seva aniquilació. Això només portarà ressentiments i rancúnies, que són el germen de nous conflictes en el futur. A hores d’ara, molts historiadors coincideixen a assenyalar que la Segona Guerra Mundial no va ser altra cosa que el corolari de la Primera. L’any 1918, acabada la Gran Guerra, el revengisme francès va forçar un Tractat de Versalles ple d’humiliacions per als vençuts i, després de desposseir-los dels mitjans necessaris per fer-hi front, els va imposar unes condicions de reparació tals que els van abocar a la ruïna i el caos. No és d’estranyar que Hitler trobés el terreny adobat per tirar endavant les seves idees populistes. Aquell era un caldo de cultiu ideal per als messianismes il·luminats. Els alemanys estaven desorientats i ressentits, i ell els prometia un futur de prosperitat i pau amb una Alemanya gran i forta que dominaria el món. El resultat és conegut de tothom.

Doncs bé, no crec que sigui gaire prudent que, ara que ETA ha declarat el final de les activitats armades, ens hi vulguem acarnissar fins a la seva humiliació. Seria més assenyat, penso, que, aprofitant que se’ns brinda una ocasió extraordinària per a la reconciliació, dediquéssim els nostres esforços a obrir totes les vies de diàleg possibles, entre elles, per descomptat, la parlamentària. A hores d’ara, amb independència de quina sigui la seva ideologia, els bascos,, tots sense excepció, encara són ciutadans del Regne d’Espanya i, com a tals, tenen tot el dret de fer sentir la seva veu a les institucions de l’Estat. Negar-los-el és atemptar contra els principis de la democràcia que diem defensar.

No obstant, el manifest esmentat és mereixedor d’una anàlisi més detallada. Dedicaré la resta d’aquesta entrada a rebatre un per un tots els punts de la seva argumentació demostrant que es basen en contradiccions i fal·làcies.

1º/ Porque SI creemos en la Libertad y en el pluralismo político, NO aceptamos que ninguno de los representantes de la Nación Española puedan ser portavoces de ideologías totalitarias que atentan contra la libertad individual y los derechos fundamentales de los españoles.

Precisament, perquè creuen en la llibertat i el pluralisme, han d’acceptar que hi puguin tenir representació. Altra cosa és que, valent-se dels recursos que la democràcia posa al seu abast, combatin les idees totalitàries que diuen que rebutgen, que també és legítim. Excloure els seus partidaris del joc democràtic és, per definició, una conculcació dels drets fonamentals dels espanyols i, fins que no es demostri el contrari, els abertzales encara són ciutadans d’Espanya. Caurem en l’error de fer-los el mateix que els acusem de fer?
2º/ Porque SI creemos en la Justicia, NO aceptamos que los recadistas de los asesinos de casi un millar de españoles nos representen, provocando que la Justicia quede desterrada de la vida política española al situar al mismo nivel a los defensores del terror secesionista con el resto de diputados españoles.

D’això se’n diu matar el missatger. Que les idees polítiques d’algú siguin més o menys afins a les d’un homicida no el converteixen en criminal de manera automàtica. D’altra banda, els penedits mereixen una segona oportunitat. Els la negarem? És just? En un Estat on la Justícia va encaminada a la reinserció i no només a la retribució, quin sentit té que, les compartim o no, no deixem que els acusats exposin les seves raons? La meva besàvia deia que cap jutge pot fer justícia sense abans haver escoltat totes les parts. Per a aquesta gent, els abertzales estan acusats, jutjats i condemnats tot d’una. Això no és ser just, sinó justicier. Quan no va acompanyada de la magnanimitat, la justícia és injusta.

3º/ Porque SI creemos en la Igualdad, NO aceptamos que los portadores de delirantes ideologías excluyentes y esencialistas puedan representar al conjunto de la Nación española.

Aquí ens enfrontem a un oxímoron clar. Sempre segons la Constitució espanyola que amb tanta passió defensen els signants del manifest i per la qual professen tanta devoció, tots els ciutadans espanyols són iguals amb independència de la ideologia, la religió, la classe social, el sexe, etcètera. El sol fet de no acceptar ja és excloure. Per tant, convindreu amb mi que, en paraules seves, els signants del manifest defensen una «ideologia delirant, excloent i essencialista»… Per aquesta regla de tres, els haurem de deixar fora del joc parlamentari? A més, segons la Constitució espanyola, l’única institució que representa la integritat de l’Estat espanyol és la Corona, personificada en la figura del Rei. Un càrrec electe no representa el conjunt de la nació, sinó els votants de la seva circumscripció electoral, als quals es deu. Per tant, un diputat o un senador electe per Guipúscoa, Biscaia o Àlava no em representa a mi, que visc a Barcelona, sinó als electors de les províncies basques i es deu a ells, no a mi. No entendre això és no entendre el parlamentarisme i desconèixer la Carta Magna.

4º/ Porque SI creemos en la indisoluble unidad social, política, histórica y territorial de la Nación española —que es fundamento de nuestra Constitución—, NO aceptamos que puedan ocupar un escaño en el parlamento nacional aquellos que destilan tanto odio contra la Nación, y que actúan sin descanso, e ilegítimamente, con el proyecto de destruirla.

Ja em perdonaran… Tinc la impressió que estan confonent el pa amb les sopes. La unitat territorial dels estats no és una realitat indissoluble. De fet, els estats neixen, creixen i es dissolen amb una facilitat més que espaordidora. Només cal fer un cop d’ull a la història recent d’Europa per adonar-nos que les fronteres estatals no són més que una convenció que ens permet governar-nos. En els darrers vint anys el nostre vell continent ha vist com els atles quedaven obsolets diverses vegades d’un dia per l’altre.

Pel que fa a la unitat històrica i política, tampoc és que Espanya sigui una realitat gaire antiga. Com a tal va néixer ara fa tres-cents anys. Abans no era més que un conglomerat de territoris independents entre si aixoplugats sota un mateix monarca. Per a més aclariments a respecte, podeu acudir al meu article Nacionalismes en conflicte, publicat en aquest mateix bloc el 2 de juliol de 2007.

Quant a la unitat social, és una qüestió que entra de ple en la percepció personal. No els discutiré que ells ho vegin així, però m’haureu d’admetre que jo ho pugui entendre d’una altra manera. Les persones s’adscriuen als grups que perceben com a més pròxims a la seva manera d’entendre la realitat i que, per tant, els permeten viure d’una manera més propera al que entenen que són els seus desitjos i les seves necessitats. En el meu cas, Espanya no em resulta tan propera com Catalunya i, per això, no em sento espanyol, sinó català, sense que això m’impedeixi sentir-me europeu a la vegada; però no espanyol, repeteixo, perquè l’espanyolitat segons l’entenen els qui es diuen espanyols em resulta incompatible amb la meva catalanitat. Altra cosa és si la meva ciutadania legal coincideix o no amb el meu sentiment nacional.

Pel que fa a l’odi immens i exacerbat cap a la nació espanyola que segons els signants d’aquest manifest se’m suposa, molt a desgrat de decebre’ls, confesso que, intrínsecament, no en sento gens. El que sí que sento és una necessitat imperiosa de fer coincidir la meva ciutadania legal amb el meu sentiment de catalanitat. Suposo que en el cas dels bascos la cosa deu anar pels mateixos viaranys, encara que crec que l’ús de la violència és un error. Sí que percebo, en canvi, un odi desaforat del nacionalisme espanyol envers tot allò que no s’emmotlla a les seves premisses. Per tant, no puc pensar altra cosa que, en realitat, l’animadversió manifesta va des del nacionalisme espanyol cap als anomenats nacionalismes perifèrics, i no a l’inrevés.

Quant a la pretesa il·legimitat del desig d’independència, s’obliden que és un dret recolzat i promogut per totes les institucions i organismes internacionals en què participa l’Estat espanyol; fins al punt que en àmbits diplomàtics s’arriba a admetre la validesa d’una declaració unilateral d’independència. No reconèixer-lo és contravenir totes les convencions del Dret Internacional.

5º/ Y porque SI creemos en la democracia española, NO aceptamos que los delegados de los asesinos fraticidas se infiltren en nuestras instituciones, poniendo en gravísimo peligro a la propia democracia española.

Aquí em cal que m’aclareixin què volen dir. Que potser és diferent, la democràcia espanyola, de la resta de democràcies? Són diferents, els seus principis? Per mi, i que em corregeixin els entesos si m’equivoco, el concepte de democràcia es basa en uns principis universals que es manifesten de molt diverses maneres i que, bàsicament, es poden resumir en el respecte mutu més estricte.

Qui abans no respecta tampoc pot esperar ni exigir que se’l respecti. Si el nacionalisme espanyol no és capaç d’entendre que hi ha altres maneres de veure la realitat i respectar-les, com pot pretendre que els altres nacionalismes, siguin del signe que siguin, el respectin? Si algú ha rebut maltractaments per ser diferent de com el nacionalisme espanyol vol que sigui (i al País Basc i a Catalunya n’hi ha hagut uns quants), com podem esperar que el respecti? No serà lògic pensar que la seva sola idea li provoqui basques?

Quant a tractar de «delegats dels assassins fratricides» aquells qui han renunciat explícitament a la violència com a mitjà per aconseguir uns fins perfectament legítims, com acabo de demostrar, i s’avenen a participar en les institucions democràtiques, tot treballant en pau i dins de l’àmbit de les idees per arribar al seu objectiu, és una infàmia digna de ser portada al jutjat de guàrdia; és parlar des del ressentiment i la rancúnia; implica no voler la reconciliació, sinó l’esclafament de l’adversari. Per tant, no contribueix a fer que prevalgui la democràcia ni afavoreix la cohesió i la unitat socials amb què els signants del manifest tant s’omplen la boca. Qui exclou qui? Qui estableix divisions? Qui afavoreix la destrucció de la unitat nacional? Qui posa en perill gravíssim la democràcia? Qui, després d’haver sigut partidari durant dècades de la violència, fa un gest de contrició, reconeix el seu error i s’avé a entrar en el joc democràtic o qui té com a únic objectiu la destrucció dels possibles opositors? En democràcia, les batalles es guanyen a la tribuna d’oradors, no a les presons ni a les comissaries i encara menys als cementiris.

En definitiva, sí que és això, senyors! Sí que és això! Sí que han de ser al Congrés dels Diputats i al Senat, representant la sensibilitat de tots aquells que els van votar perquè anhelen un futur en què poder ser tal com els agradaria poder ser. I si això va en detriment de les fronteres de l’Estat, potser és que l’Estat no ha sabut donar-los allò que necessiten… Si se senten exclosos, ¿que potser se’ls ha de condemnar a viure d’una manera que els resulta incòmoda i desagradable, imposant-los unes condicions que els són feixugues? Quanta sang vessada no ens hauríem estalviat tots plegats si, quan prenia cos la reivindicació d’independència, se’ls hagués permès iniciar el seu camí en solitari!

Quina és l’essència del concepte polític d’estat? És, com el nacionalisme espanyol interpreta, una realitat sagrada i intocable que dimana de les altures celestials o és una convenció que ens hem atorgat els humans a fi d’organitzar-nos de manera més eficient? Els estats estan al servei de les persones o les persones al servei dels estats? Reflexionem-hi i potser començarem a entendre fins a quin punt estem obcecats per unes idees preconcebudes inculcades durant la infantesa. La gran tragèdia del fanàtic és que el seu fanatisme l’incapacita per adonar-se que ell també és fanàtic.

dissabte, 15 d’octubre del 2011

Qui la fa la paga, o no…

Ahir, a Barcelona, Víctor Morlán, secretari d’Estat de Planificació i Infraestructures del Ministeri de Foment, va reconèixer sense embuts i de manera ben lacònica que aquests darrers anys l’Estat ha actuat com un nou ric en el desplegament d’unes infraestructures que ara estan infrautilitzades (aeroports sense avions i sense passatgers, trens d’alta velocitat que circulen amb menys de 10 passatgers al dia, plantes dessalinitzadores inactives, etc.) Això no passaria de ser un trist i patètic reconeixement d’una realitat tossuda i contundent si no fos que ho ha justificat dient que «tothom actuava igual».

Aquesta postil·la ho transforma en una broma de mal gust, com a mínim, i un insult a la intel·ligència. És a dir, com que els altres es llencen barranc avall, ell hi va al darrere. Bon raonament. D’una lògica aclaparadora. Així ens va el país. Amb polítics d’aquesta talla intel·lectual no ens calen invasors que ens destrueixin, ja ens destruïm nosaltres sols. És que n’hi ha per llogar-hi cadires!

A tot això, em ve al cap una pregunta: Què passa amb els polítics que gestionen malament la cosa pública? N’hi ha prou amb una disculpa, un «em sap greu»? I els diners malbaratats, qui ens els torna? Qui s’ha de fer càrrec dels dèficits generats per tanta irresponsabilitat? En tota empresa, els seus directius són responsables de les decisions que prenen i en responen amb el seu patrimoni, un aval o una assegurança de responsabilitat civil. Si prenen decisions que l’aboquen a la fallida, ells en paguen les conseqüències. Per què amb allò que té a veure amb la Administració Pública no s’aplica aquest mateix criteri? Per què, quan se’n van, els polítics no han de respondre de la seva gestió?

I no em val que se’m digui que els processos electorals ja són una manera de passar comptes. És una fal·làcia. Els processos electorals són, només, una manera d’afavorir l’alternança en el poder i evitar que es concentri en unes poques mans. Però encara és hora que vegi que se li demanen responsabilitats a un polític que ha obrat amb irreflexió i de manera forassenyada. I mira que el país n’està farcit, d’exemplars d’aquesta raça! Però no, arriben, emboliquen la troca tant com poden i, quan se’n van, ho deixen tot ben empantanegat.

El cas de l’alta velocitat ferroviària és paradigmàtic. I aquí no hi ha diferenciacions de tendència política que valguin. Uns i altres s’han comportat com uns veritables eixelebrats. Daniel Albalate i Germà Bel, en un article publicat al número 55 de la Revista de Economía Aplicada, pàgines 171 a 190, demostren amb dades reals i fefaents que, per millorar substancialment la connectivitat ferroviària entre les diverses capitals de província espanyoles, n’hi hauria hagut prou amb una inversió molt inferior a la que finalment s’ha executat. Bastaria amb millorar moltes de les línies fèrries que hi ha en servei actualment i traçar-ne de noves amb unes característiques menys exigents des del punt de vista econòmic i mediambiental que les que requereix l’alta velocitat; de manera que, amb una inversió continguda, les millores introduïdes permetessin incrementar de forma prou efectiva la velocitat comercial dels trens i reduir els temps de desplaçament a unes xifres acceptables.

Però clar, si els veïns del nord van ser els primers d’Europa a tenir trens d’altes prestacions, al sud dels Pirineus no es podia ser menys: Calia treure pit (o testosterona, que d’això també en sabem un niu) i cosir el territori amb trens d’alta velocitat que permetessin que la influència de la capital arribés més lluny i de manera més fàcil. I ara ens trobem que cap de les línies, ni tan sols les més utilitzades, genera beneficis; un negoci ruïnós.

Un altre cas, aquest més proper, és el de la planta dessalinitzadora del Prat de Llobregat. Que Barcelona i la seva àrea d’influència tenen un problema d’abastament d’aigua en temps de sequera és prou evident. Per tant, cal trobar la manera de resoldre una situació que pot arribar a ser molt greu. Les solucions passen, totes, per la reducció del consum d’aigua per habitant; cosa que ja s’ha fet. Però amb això no n’hi ha prou, és necessari trobar una forma de suplir la mancança del sistema. Això implica, bàsicament, dessalinitzar i després potabilitzar aigua de mar o, tal com havia apuntat el Govern de la Generalitat anterior al primer Tripartit, portar-la d’un riu prou cabalós, que en aquest cas era el Roine, mitjançant un transvasament.

Una planta dessalinitzadora té uns costos de construcció molt elevats; la tecnologia, tot i que s’ha demostrat viable, no és barata. A això hi hem d’afegir que la dessalinització d’aigua marina per òsmosi inversa (així s’anomena el procés triat) necessita grans quantitats d’energia, cosa que encareix el cost final del metre cúbic d’aigua de boca perquè, no ho oblidem, amb dessalinitzar l’aigua no n’hi ha prou: després s’ha de potabilitzar. El resultat és que, per la via de la dessalinització, el preu del metre cúbic d’aigua de boca es dispara fins a costos inassumibles; i això fa que, abans d’iniciar el procés, sigui convenient esperar fins que les necessitats dels usuaris del servei ho justifiquin. Per la seva banda, un transvasament tampoc és una inversió petita. Però, si es fa bé, té l'avantatge que els seus costos d’explotació i l’impacte ambiental són proporcionalment molt reduïts.

Amb el Departament de Mediambient en mans d’IC-V, es va triar l’opció d’una dessalinitzadora que poc temps després de la seva inauguració s’ha revelat extremadament cara i que, per aquest mateix motiu, roman infrautilitzada per no dir inactiva. Les raons adduïdes eren que havíem de ser autosuficients en el subministrament d’aigua de boca a la població. La idea és encomiable i benintencionada; però parteix d’una premissa equivocada. Si el canvi climàtic persisteix, cosa que sembla segura, no trigarem a veure com es desencadenen veritables guerres per l’abastament d’aigua. Arribarà el moment que l’aigua no serà un bé d’ús privatiu dels territoris, sinó que esdevindrà una qüestió planetària. I això cal tenir-ho en compte des d’ara mateix.

No sempre el que sembla més evident és el més adequat. En la construcció d’aquesta planta no es va tenir en compte (vull pensar que per causes fortuïtes) que dessalinitzar l’aigua de mar té uns costos elevadíssims i molt difícils de traslladar a l’usuari de casa nostra. En aquest cas, el dogmatisme ideològic d’uns polítics els va privar de l’amplitud de mires necessària en situacions d’emergència i els va empènyer a actuar de manera irresponsable, sense pensar més enllà del dia a dia.

Però ara s’han canviat les tornes. Uns i altres tant van estirar la màniga que el vestit s’ha escagassat. La roba ja no dóna per més i, per poder-lo sargir, si es vol fer front a l’immens deute que l’Administració, per obra i gràcia dels seus governants, s’ha posat per dogal, cal retallar d’allà on sigui i eliminar prestacions d’un Estat del benestar que havien costat molts anys de treballs i esforços al conjunt de la població, en especial les classes menys afavorides.

No estaria de més, doncs —i aquí apunto una idea que espero que algú la reculli—, que es promulgués una llei que dictaminés que, com es fa en algunes entitats de cert pes econòmic que manegen uns pressupostos prou importants (verbi gratia Futbol Club Barcelona fins no fa gaire), no estaria de més, dic, que aquesta llei obligués tothom que vulgui entrar a la gestió de la cosa pública per damunt d’un cert nivell de responsabilitat a presentar un aval o qualsevol altra mena de garantia econòmica que, en cas que fos necessari, li permetés fer front a una part considerable del malbaratament de cabals públics que hagi pogut causar per una actuació irresponsable. I fixeu-vos que parlo d’un aval o una garantia econòmica, no que respongués amb el seu patrimoni. D’aquesta manera es podria garantir el dret reconegut a la Constitució que ningú s’ha de veure privat d’exercir la política per causa de la seva condició social o econòmica.

Aquí queda la idea. Qui la vulgui posar en pràctica pot estar tranquil, que no li demanaré drets d’autor.

dimecres, 12 d’octubre del 2011

Peonades


Aquests dies ha saltat una altra polèmica sobre la manera com els diversos governs espanyols i autonòmics administren la cosa pública. És curiós, però l’assumpte està directament relacionat amb certa dama octogenària, i la latifundista més important del món, que dimecres passat va contraure matrimoni en terceres núpcies i ho va celebrar fent un numeret prou patètic a la sortida de l’església, victorejat per la colla d’aduladors i voltors a l’aguait de carnassa que mai falten en aquestes ocasions. Si s’hagués vist amb els meus ulls, Cayetana Fitz-James Stuart, XVIII duquessa d’Alba de Tormes, la dona que sobre la seva testa acumula més títols nobiliaris reconeguts per un govern legalment constituït de tot el món (més encara que la reina d’Anglaterra) i cap d’una de les cases ducals més prestigioses i riques, a hores d’ara ja s’hauria amagat de per vida dins la closca i no trauria l’antena més que per mirar si fa sol. Si se’n fan, de bestieses, quan s’està enamorat! O això diuen…

Però deixem l’anècdota i passem a la substància. Si un tema és recurrent al camp espanyol —en especial l’andalús i l’extremeny— és la sempre pendent (i mai abordada de manera efectiva) reforma agrària. Andalusia i Extremadura són dos territoris eminentment agrícoles en què la terra està concentrada en enormes latifundis propietat de molt poques famílies. Al llarg dels segles això ha provocat que la subsistència d’una part molt important de la mà d’obra agrícola es vegi lligada als interessos d’una oligarquia que no sempre està disposada a fer treballar unes terres que, per diverses conjuncions de circumstàncies, els resulta més rentable mantenir ermes.

Amb l’arribada de la democràcia es va veure que aquest exèrcit ingent de persones era víctima d’una situació que a ningú li agradava i, si es volia evitar un esclat social, calia trobar una solució ràpida al problema de la seva subsistència. De manera provisional, mentre s’esperava abordar la tantes vegades ajornada reforma agrària, l’any 1986, el govern que presidia Felipe González (PSOE) va idear el que es coneixeria com a PER (sigles de Plan de Empleo Rural) i que des de desembre de 1996 es coneix com PFEA (o el que és el mateix: Plan de Fomento del Empleo Agrario), segons la normativa vigent del qual, per cada vint jornades acreditades de treball (peonades), el jornaler té dret a cent vuitanta dies de subsidi d’atur. És a dir, que per cada dia treballat, el treballador rep nou dies de subsidi. Tot un negoci!

D’allò ja fa prop de trenta anys i la reforma agrària no passa de ser una entelèquia, un miratge al que mai no s’hi acaba d’arribar. Hauria semblat lògic que mentre el Govern de l’Estat estava presidit per un polític socialista, presumptament més procliu a vetllar pels drets de les classes més desfavorides, la tan esperada reforma agrària, si més no, hagués començat a abordar-se com una qüestió imprescindible per al progrés de les autonomies menys desenvolupades i més empobrides d’Espanya; però no s’hi va fer res. Com era d’esperar, amb la primera legislatura del PP, el tema va quedar empantanegat i el sistema de subsidis va quedar enquistat en l'ADN de les autonomies andalusa i estremenya.

I és ben natural; sobretot si tenim en compte que, tot i ser una paga molt migrada, permet tirar endavant fent alguna feineta aquí i allà o, cas que les aspiracions econòmiques del perceptor o la seva predisposició per a la feina no siguin gaire elevades, fer allò tan ibèric del qui-dia-passa-any-empeny i anar fent la viu-viu. D’aquesta manera, l’economia submergida, lluny de desaparèixer, es va veure afavorida. Perquè el fet de signar un contracte laboral, per mal pagat que estigui, implica la pèrdua del subsidi. ¿I qui s’hi arrisca pels quatre rals mal comptats que representa la diferència entre el migrat sou que pot cobrar un treballador no qualificat com els peons i el subsidi que reben per vint dies treballats? Més val que no fem volar coloms i anem sobre segur, oi?

Curiosament, malgrat l’alternança política que es va produir a les eleccions del 2004, la patata calenta que representa la reforma agrària continua amagada sota l’estora. Els pocs latifundistes, la principal dels quals és la Duquessa d’Alba, segueixen rebent diners a dojo per no posar en producció unes terres que els són més rendibles en estat erm i la massa de treballadors agrícoles, estimada en uns 220.000, continua havent de parar la mà a final de més per viure amb un mínim de dignitat.

I aquí és on jo em pregunto si viure així és viure de manera digna. D’entrada, per més que sigui un subsidi benintencionat el PFEA ha acabat sent una manera encoberta de fer caritat. Les conseqüències han estat, per començar, la desincentivació per al progrés personal de tota una classe social. D’aquí se’n deriva que el país desaprofita un capital humà inestimable; la qual cosa comporta una pèrdua de competitivitat enfront d’altres països que tenen una població més motivada. D’aquí a la decadència només hi va un pas. I si el país entra en decadència, el resultat final és el col·lapse de tot el seu sistema econòmic o, el que no sé si és pitjor, la pèrdua de la seva capacitat de decidir sobre els seus propis assumptes perquè ha caigut sota el domini de centres de poder externs a ell.

No voldria atiar cap enfrontament territorial entre Catalunya i Andalusia o Extremadura. Però fent quatre càlculs he arribat a la conclusió que els catalans hi tenim alguna cosa a dir, en tot aquest desgavell. Els comptes són clars. Prenem la paga mitjana mensual del subsidi del PFEA (420,- €); multipliquem-la per dotze pagues a l’any. Multipliquem el resultat de l’operació anterior (el que percep un camperol andalús en un any) pels 220.000 camperols acollits a aquest pla. Finalment, la quantitat que resulti, el cost anual del PFEA, multipliquem-la pels 25 anys que fa que està vigent. La xifra final mareja: 27.720.000.000,- d'euros! Curiosament, s’assembla força a l’espoli fiscal que Catalunya pateix en un any.

Vagi per endavant, però, que sóc conscient que això només és un exercici domèstic faltat de tota exactitud. Però sí que convindreu amb mi que, a grans trets, és prou orientatiu de per on van les coses. A hores d’ara, després d’això tinc la sensació que Catalunya ha contribuït amb el seu dèficit d’un any a mantenir tota aquesta gent durant els darrers cinc lustres.

I després se’ns titlla d’insolidaris! Qui és insolidari: els catalans que amb el seu esforç ajuden a fer front al subsidi de tota una classe social o els latifundistes que amb la seva gasiveria priven aquesta mateixa classe social dels mitjans per guanyar-se el pa? Qui ha de ser objecte de reprovació: els polítics que treuen el tema o els governants que, podent-lo resoldre, romanen impassibles i permeten que l’statu quo s’eternitzi?

Si fem un cop d’ull a la Història, no ens costarà de veure que els catalans ja vam passar per una situació semblant. Em refereixo a la qüestió dels pagesos de remença, resolta el 1486 amb la Sentència de Guadalupe signada per Ferran II d’Aragó. Castella en va quedar al marge perquè els Reis Catòlics no van unificar les respectives corones. En conseqüència, el camp català va desenvolupar una estructura d’explotació completament diferent de la castellana, que es basa en el latifundi i les peonades. Sembla doncs que la reforma agrària a Andalusia i Extremadura és un problema que enfonsa les seves arrels en un passat bastant remot.

Ara fa trenta anys, la situació era aquesta: Una classe privilegiada molt reduïda i mancada de visió, àvida de conservar —i fins i tot ampliar— els seus privilegis, s’oposava de totes les maneres possibles a l’evolució natural de les coses. Per la seva banda, les classes socials més baixes veien com se les privava dels mitjans necessaris per obtenir els ingressos imprescindibles per a la seva subsistència. Amb l’Estat franquista desmantellat, el conflicte semblava inevitable i, amb una probabilitat molt elevada, podia ser virulent. Calia, doncs, trobar una manera d’apaivagar els ànims. Però, ai las!, la solució ha acabat convertint-se en part del problema perquè no l’ataca des de l’arrel, sinó que el transfereix a altres territoris que no el pateixen alhora que deixa inalterat l’estat de coses. Cal fer-hi alguna cosa o algú acabarà prenent mal. I no seran els latifundistes, precisament…

I a tot això, el dia del seu casament, els treballadors encara li fan la gara-gara a la Duquessa. Hi tenen un conflicte, però, clar, no li havien d’esguerrar la festa, pobreta… Per això, el seu regal de noces va ser que, en lloc de protestar i manifestar-se el dia del seu casament (com tenien previst), ho faran en una altra data que no li sigui tan molesta. És que té pebrots, la burra!